Lo profundo

A veces hasta me lleva a abismos…

Hace 40 años julio 20, 2009

Archivado en: recuerdos — mijal @ 10:05 pm

 

Copio y pego.

El 20 de julio de 1969, la misión Apolo XI desembarcaba en la superficie lunar. Fue celebrada con vítores y señalada como la más grande hazaña en la historia del hombre. Vietnam, el Cordobazo y el Rosariazo daban cuenta de otras hazañas legendarias. 

Los diarios de la época la definieron como “la más grande hazaña humana” o “la colosal aventura del espacio”. En la convulsionada Argentina de los ’60, en un año donde se produjeron, en pocos meses, el Cordobazo y los dos Rosariazos que empezaron a destronar al dictador Juan Carlos Onganía –pero no, todavía, a la dictadura de entonces–, la llegada del hombre a la Luna fue un paréntesis que vino del espacio, en vivo y en directo por la televisión. Fue un toque de ciencia ficción –nadie terminaba de dar crédito a lo que se veía por la tele–, en un mundo atravesado por la realidad presente de las guerras en Vietnam, en el Canal de Suez o en la frontera entre El Salvador y Honduras. El módulo lunar LEM, bautizado “Aguila”, se desprendió de la nave madre “Columbia” y según las crónicas de ese tiempo “alunizó”, tomó contacto con la superficie lunar, a las 16.18 (hora argentina) del domingo 20 de julio de 1969. Todavía faltaban varias horas para el momento culminante de la Misión Apolo XI, que llegó a las 22.56 (hora argentina) de ese día, cuando Neil Armstrong, con paso vacilante, caminó por el suelo lunar “de carbón y escoria”, como él mismo describió en uno de sus primeros contactos con la base de Houston. “En ese año trabajaba en el Canal 13, que transmitió el alunizaje dentro del programa La Feria de la Alegría, que conducían Guillermo Brizuela Méndez y Colomba. Yo no trabajé ese día, pero seguí la transmisión desde mi casa, con mi mujer, mis hermanos y los de mi mujer. Brindamos con champagne cuando Armstrong y (Edwin) Aldrin caminaron por la superficie lunar. Lo primero que pensé, como hombre de la televisión, es en la proyección a futuro que tenía este medio de comunicación. En el poder inconmensurable que tenía la televisión.” Gustavo “Gugui” Riva es uno de los tres hombres más avezados de la TV argentina, después de su hermano, Juan José Riva, que estuvo en la primera transmisión de imágenes televisivas en el país, y de Nicolás del Boca. Riva, que comenzó como ayudante de cámara, llegó a ser productor ejecutivo y director integral de televisión, y ahora se dedica a la docencia. “Lo que recuerdo de esa transmisión histórica es que tuve la sensación de que habíamos sido tocados por un designio de Dios. Lo que se vivía en la Argentina y en el mundo era una conmoción, una expectativa espectacular”, recuerda Riva en diálogo con Página/12. Todos los canales argentinos, en forma independiente, transmitieron el acontecimiento. La Feria de la Alegría salió, en vivo, desde el estadio Luna Park. “No hubo mucha gente en el estadio y, en ese aspecto, la convocatoria que se hizo fue un fracaso”, admite Riva. A las 22.56 del 20 de julio se presume que todos los televisores estuvieron encendidos en la Argentina. Claro que no todas las casas tenían acceso a un aparato que era considerado un verdadero lujo. Un televisor marca Columbia tenía un valor, de contado, que oscilaba, según el tamaño, entre los 97 mil y los 115 mil pesos en efectivo. El sueldo mensual de una mucama o de un operario oscilaba entre los 16 mil y los 26 mil pesos. En esos años no existían las transmisiones en vivo en bares y restaurantes. Los que carecían de tele sólo podían apelar a la invitación de un familiar o de un vecino pudientes. O seguir la transmisión por radio. “Houston. Aquí la base Tranquilidad”, fue lo primero que dijo Armstrong cuando se comunicó con el entonces presidente Richard Nixon, quien conversó por radio con los dos astronautas que pisaron suelo lunar, mientras el tercer hombre de la Misión Apolo XI, Michael Collins, seguía al comando de la nave insignia, dando vueltas alrededor de la Luna, a más de 100 kilómetros del lugar del “alunizaje”. Nixon, desde su despacho en la Casa Blanca, expresó “el orgullo del pueblo norteamericano y de la humanidad” por una hazaña que buscaba “el bien y la paz de la humanidad”. Ese mismo día había regresado a Washington, procedente de Saigón, el general Earl Wheeler, titular del Estado Mayor Conjunto norteamericano, quien se manifestó “muy satisfecho” de su gira por el frente de guerra en Vietnam. Consideró que la situación estaba “prácticamente bajo control”. Desde Hanoi, Vietnam del Norte, el presidente Ho Chi Minh exigía el retiro de todas las tropas norteamericanas, como única forma de que el país enemigo “recobrara su honor perdido”. El deseo del “tío Ho” recién se cumplió en 1973, con el fin de la intervención norteamericana, aunque la guerra con Vietnam del Sur siguió hasta 1975. La “paz” que encarnaba la llegada a la Luna estaba en jaque también con la guerra sin cuartel en la zona del Canal de Suez entre Israel y Egipto, y con los enfrentamientos fronterizos entre El Salvador y Honduras. El mismo día de la caminata lunar, en el puerto de La Habana, el gobierno de Fidel Castro les rendía honores a siete naves de guerra soviéticas que habían llegado en “visita fraternal”. La Guerra Fría entre las dos grandes potencias fue sin duda el motor que impulsó a los norteamericanos a acelerar el viaje tripulado con descenso en la Luna. El 4 de octubre de 1957, los rusos habían puesto en órbita alrededor de la Tierra al satélite Sputnik, luego enviaron al espacio a la perra Laika y en abril de 1961 al primer hombre, Yuri Gagarin. Así llegaron a 1966, cuando “aluniza” el satélite soviético Luna 2. Con la Misión Apolo XI, Estados Unidos recuperó su orgullo, aunque los vietnamitas insistieran en que no “el honor”. En la Argentina, el dictador Juan Carlos Onganía difundió un mensaje de felicitación al gobierno de Estados Unidos “en esta hora en que el hombre por primera vez desciende sobre el testigo de su historia”, sobre la Luna en la que “miles de generaciones han depositado sus sueños, sus angustias y sus alegrías”. El régimen de facto encabezado por el general Onganía venía de afrontar, en el mes de mayo, dos expresiones populares y masivas de repudio a la dictadura: el primer Rosariazo y el Cordobazo. Por esa razón, en junio de 1969, se había decretado el estado de sitio. La caída de Onganía se produjo recién en mayo de 1970, luego del segundo Rosariazo y del secuestro, por parte de los Montoneros, del general Pedro Eugenio Aramburu. La resistencia a la dictadura se advertía, incluso, en los estadios deportivos. En ese año 1969, los campeones de fútbol fueron primero Chacarita –en el Metropolitano, por primera vez en su historia– y después Boca Juniors, en el Nacional. Boca repitió en el Nacional de 1970, cuando se hizo famoso un cántico de la hinchada xeneize: “De noche, de día / a Boca no lo paran / ni los tanques de Onganía”. El lunes 21 de julio de 1969, como todos los diarios locales, Clarín exaltó “la más grande hazaña humana” lograda por la Misión Apolo XI y le dedicó al acontecimiento un suplemento especial de 28 páginas. Los avisos comerciales afirmaban que los termos Lumilagro eran imprescindibles “hasta para ir a la Luna” y anunciaban que Kodak iba a revelar “los secretos de la Luna”, mientras que el Banco Comercial de Buenos Aires avisaba: “Para cualquier negocio con la Luna, consúltenos”. Las notas, además de informar en detalle sobre el viaje espacial, detallaban el cuidado fisiológico y psicológico de los astronautas, así como “la comida de a bordo”, a base de peras, salchichas, jugo de naranja, cubos de chocolate, carne asada y sopa de arvejas. Claro que la realidad de una Argentina en dictadura se filtraba, a pesar de la euforia espacial, en las páginas del cuerpo principal del diario. En la página 28 de las noticias nacionales, uno de los títulos decía: “Espectacular procedimiento efectuó DIPA”. La sigla correspondía a la División Informaciones Policiales Antidemocráticas (DIPA), que dependía de Coordinación Federal, uno de los organismos represivos más temidos de la época. Se habla de un operativo en un edificio de Luis María Drago 440 de la Capital Federal. Allí funcionaba la peña folklórica “Martín Fierro”, a la que concurrían “numerosos adherentes a un acto organizado por el disuelto (por la dictadura) Partido Comunista”. Hubo 180 detenidos, de los cuales recuperaron su libertad “aquellos que no poseían antecedentes delictuosos o que eran ajenos a los fines perseguidos en la reunión” política. De la noticia surge que, aquel 20 de julio de 1969, algunos no pudieron ver la llegada del hombre a la Luna.

Por Carlos Rodriguez  para Página 12

 

a veces agosto 14, 2007

Archivado en: recuerdos — mijal @ 5:21 am

estoy tan lejos de mi…

que me dan ganas de estallar a gritos.

 

Viaje sin regreso junio 16, 2007

Archivado en: recuerdos — mijal @ 10:53 pm

Estaba parado en la cola esperando que lo atendieran, el dolor de cabeza lo estaba matando y no hablar de los pensamientos y miedos que corrian en su mente sin parar. Sin poder dominar la situación agarrandose la cabeza con las dos manos pensó:
-Me estoy volviendo loco. Que me esta pasando?- mientras tanto, llego su turno; le mostró la receta a la farmacéutica y ella le preguntó -Para donde viaja el señor? -él, sin entender la pregunta respondió- A donde viajo? Al cielo!! Si, al cielo alla viajo ya que en el infierno viví toda la vida!
-Como no señor, simplemente tome 10 pastillitas de estas y se encontrara en el cielo.
-Que? Usted está loca? De que esta hablando?
-Si señor yo estoy loca, pero por lo menos lo reconozco.-y sonriendo con una sonrisa de azafata dijo- Usted me ha traído una receta firmada por Dios, yo, lo único que hago es ofrecerle el viaje mas rápido y menos doloroso…
Él, tomó las pastillas y salió corriendo de la farmacia como si hubiera visto algo tenebroso.
Al salir se chocó con un joven que lo miró con cara de lástima -Buenas… cual es su nombre? Es nuevo en el barrio? -le preguntó el muchacho en tono cordial.
-Nuevo en el barrio? Hace 40 años que vivo acá! Que nuevo ni que ocho quartos! Y vos quien sos?
-Yo recién llego del cielo. Fui a dar una vuelta…
-??? -Bruno sin perder un minuto más se subió al auto y salió tan rápido que hasta las ruedas chillaron.
Anduvo en el auto hasta que se hizo entrada la noche y ya casi ni nafta tenía, cansado por todos sus pensamientos y por las “locuras” que le pasaron en el día, paró a un costado de la ruta, decididamente sacó de su bolsillo el frasco que le dió la chica con la sonrisa de azafata y contempló la etiqueta por unos minutos. Decía: “Buen viaje”.
Tragó 10 pastillas en ese mismo instante, sintió como un mareo y se desmayó.
Cuando despertó vió que estaba en un lugar muy ameno con colores que armonizaban entre ellos y olores ricos. No sabía donde estaba pero la paz inmensa que sentía le decía que ahí tenia que estar.
En ese momento llegó un viejo muy viejo, casi se podría decir que tenia miles de años. Bruno se levantó en seguida y le dijo -Perdón señor me puede decir donde estoy?-
-Claro que sí, usted se encuentra en la entrada al cielo.
-Y como es la cuestión acá?
-Acá no hay “cuestión” acá todo es “verdad”
-Me podría explicar un poquito que tengo que hacer?
-Por supuesto! Primero que nada tiene que buscar en ese cuarto -le dijo señalando hacia la derecha- su carpeta de comportamiento en el mundo terrenal y luego buscar en el cuarto de allá -y señaló a la puerta del lado izquierdo- su frasco con lo que le queda de vida.
-Perdón pero luego de eso, podré volver al mundo terrenal? Antes de llegar aquí me encontré con un joven que me dijo que venía de “dar una vuelta por el cielo” y no entendí a que se refirió… tiene algo que ver con mi situación ahora?
-Claro que sí, tengo entendido que usted pidió llegar al cielo aunque todavia no terminó su estadia en la tierra, hay que ver, como le dije antes, sus documentos y su frasquito y despues veremos… Si necesita ayuda llámeme.
-Ehhh , pero como lo llamo? Acá no hay timbres ni nada parecido…
El viejo le contesto sonriendo- En el cielo no necesitamos ese tipo de cosas, solo piense en mí y llegaré -dijo desapareciendo detrás de una nube que parecía, lo estaba esperando.
-En que lío me metí, y todo por seguirle la corriente a la loca de la farmacia! Bueno ya que estoy acá, veo que se puede hacer para cambiar el resto de mi vida y no vivirla como hasta ahora. -y entró al cuarto donde estaban las carpetas de comportamiento.
Al abrir la puerta, quedó como paralizado… Nunca había visto nada igual!!! El cuarto era de un tamaño enorme, sin paredes y estaba flotando en el aire, había millones de carpetas ordenadas en orden alfabético.
Él fue derecho a la letra “B”, aunque no le faltaron las ganas de ojear otros nombres de gente conocida.
Tomó su carpeta y la abrió, y como si estuviera en el cine, vió la película de su vida, pero con la diferencia que todas las cosas buenas y las cosas malas que hizo fueron sobresaltadas
Al volver a vivir su vida en minutos, rió, lloró, gritó, amó, sufrió, cantó y todo como si estuviera pasando en ese momento nuevamente.
Cuando llego al final vió una balanza en la cual estaba escrito del lado derecho: “Buenas acciones de Bruno” y del lado izquierdo “Equivocaciones cometidas sin querer por Bruno”. Trató de observar para que lado la balanza se inclinaba más, pero no pudo ver.
Pensó en el viejo y éste en seguida apareció:
-Buenas! Ya terminó? -le preguntó el anciano.
-Si, gracias a Dios, podría decirme como sigo de acá? Creo que en la balanza hay más acciones buenas que malas…
-Ja, ja, ja -rió el viejo, con cariño- eso es lo que dicen todos… pero la verdad es otra, la mayoría de las veces toda la gente que llega acá, no reconoce las cosas malas que hizo en la vida, simplemente como se tiene tanto amor a sí mismo no “ve” los errores y siempre tiene excusas para justificarse. Pero sabe donde podrá saber en realidad que lado la balanza pesa más? Cuando llegue al otro cuarto y vea lo que le queda de vida.
Bruno salió del cuarto ansiosamente y abrió la puerta del cuarto del lado izquierdo. En él, había millones y millones de frascos con velas adentro, algunas que alumbraban hasta enceguecer y otras ya casi ni tenían luz.
Nuevamente Bruno pensó en el viejito pero esta vez apareció el joven que encontró al salir de la farmacia.
-Buenas, como está usted?
Bruno le contestó como si el ver al joven fuera la cosa más natural que había -Bien gracias y vos? Me podrías ayudar a buscar mi frasquito?-le dijo con arrogancia -Están acá tambien ordenados en orden alfabético?
-Si, venga por favor.-y lo llevó como volando entre las nubes hasta que llegaron a donde habia una serie de frascos la mayoría estaban con la vela entera y había uno que la vela ya se estaba por apagar.
-No me digas que ese es el mío… -dijo Bruno mirando al frasco casi vacío
-Sí, lamentablemente es el suyo, lo siento mucho… traté de avisarle cuando salió de la farmacia, quise decirle que si cambiaba un poquito su forma de vida podría recibir luz de otras velas y la suya no se apagaria tan pronto, pero como siempre, usted no quiso escuchar y ahora lo mas probable es que no le de tiempo ni siquiera para llegar a la tierra nuevamente y cambiar.
-No te puedo creer!! No puede ser tiene que haber alguna forma de que puedas ayudarme…
-No, ya no. Tuvo muchas oportunidades durante su vida y las rechazó, ya es muy tarde.
La vela ya estaba casi apagada, al mirarla, Bruno se empezo a sentir mal, agarrándose el corazón que le latía rápidamente, con las últimas fuerzas y la voz quebrada le preguntó al joven -Existe alguna posibilidad que en el cielo reciban mi arrepentimiento?
-El mismo hecho que en este momento usted se arrepiente ya es suficiente para que… -

…pero Bruno ya no lo escuchaba.
Gotas de lluvia calleron sobre la cara del joven confundiéndose con sus lágrimas y nuevamente desapareció entre las nubes.

 

Juana de America mayo 26, 2007

Archivado en: recuerdos — mijal @ 7:50 pm

Estoy leyendo obras de Juana de Ibarbourou, que tanto admiro. Su libro Chico Carlo, siempre me vuelve a mi niñez, niñez tan hermosa llena de risas y desengaños, alegrias y olvidos, ganas de vivir y ser libre para siempre.

Adoraba el sol, la playa, los animales, me maravillaba cuando al llegar la noche salia a observar las altas y brillantes estrellas cada una en su lugar  siempre colgadas como pequeños asteriscos tratando de contarme la historia del cielo.

Como extraño todo eso, que hermosa y corta es la niñez! 

Encontre este poema que tanto me gusta y que en algun tiempo hasta supe de memoria.

 Juana de America.

Las olas

Si todas las gaviotas de esta orilla

quisieran unir sus alas,

y formar el avion o la barca

que pudiesen llevarme hasta otras playas…

Bajo la noche enigmatica y espesa

viajariamos rasando las aguas

con un grito de triunfo y arribo

mis gaviotas saludarian el alba.

De pie sobre la tierra desconocida

yo tendria al nuevo sol  las manos

como si fueran dos alas recien nacidas.

Dos alas con las que habria de ascender

hasta una nueva vida!

PUÑADOS DE POLVO

Por la persiana entornada entra al comedor en penumbra, un rayo de sol matinal. Y por la misma rendija sale a la calle, oblicua hacia arriba, una banda ancha y dorada de moléculas. Parece una legión de bailarines, pues, mirando atentamente, veo que cada uno de los puntitos rubios gira de una manera vertiginosa sobre sí mismo. Si yo supiera física, ¡cuantas observaciones podría hacer ahora! Pero no sé nada más que imaginar y soñar. Y miro con envidia a esa banda de átomos que se va a correr el mundo, llevándose quizás el secreto de todas mis intimidades. ¡Oh granitos de polvo que vais a ver lo que yo no he de mirar jamás: bosques, mares, ciudades, templos, auroras boreales, maravillas! De soplo en soplo, de ráfaga en ráfaga, recorréis la tierra, sorprenderéis el secreto de mil mujeres, y cuando el viento os vuelva a traer otra vez a este lugar, quizás haya transcurrido un gran montón de siglos. Yo no seré ya más que un puñadito de polvo amarillo. Y entonces me iré a danzar y a correr por el mundo con vosotros.

 

 
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