Lo profundo

A veces hasta me lleva a abismos…

maradona septiembre 12, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 12:35 pm

Ayer fuí a ver la nueva película de emir kusturica sobre maradona.

que puedo decir…

aparte de los cachitos de fútbol que pasaron, (esos que se pueden ver en you tube) no hay mucho que ver…

y en realidad  no entendí lo que kusturica pretende  decir con su nueva peli. creo que es como un homenaje al mejor jugador que tuvo y que tiene el fútbol mundial.

es obvio que maradona aparte de pelé es el mejor jugador del mundo, y  no se si nacerá alguien como él.

copio y pego algo que encontré en la red sobre lo que dice kusturica.

Yo siempre soy idealista. Para mí, Maradona siempre ha sido mucho más que los efectos que las drogas puedan tener en él. Es un artista. Ser artista es romper las barreras de lo que uno hace, no tiene nada que ver con esta especie de síntoma que tiene la sociedad de llevarte hasta el cielo, para después matarte y enterrarte.

Maradona fue el mejor jugador de fútbol del planeta. Nadie ha jugado mejor, y creo que nadie lo hará en el futuro. Esto es lo importante en la historia de este hombre. Aclaro que no tomo drogas, no estoy siendo autoindulgente respecto al tema.

Lo que nunca entendí es desde cuándo es tan importante la vida privada de alguien tan grande, desde cuando se convirtió en el tópico principal, en vez de su contribución al arte del fútbol. Me parece estúpido.

De lo que nadie habla, es que todos los jugadores de la NBA toman drogas. He hablado con los mejores entrenadores de Europa, que son mis amigos, y me dijeron que cada uno de los entrenadores de la NBA les da esteroides a sus jugadores. Y la NBA es el modelo de excelencia en el deporte de hoy.

 

ventana sobre la memoria agosto 15, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 4:42 pm

Quien nombra, llama. Y alguien acude, sin cita previa, sin explicaciones, al lugar donde su nombre, dicho o pensado, lo está llamando.
Cuando eso ocurre, uno tiene el derecho de creer que nadie se va del todo mientras no muera la palabra que llameando, lo trae.

Ventana sobre la memoria III
Las palabras andantes
Eduardo Galeano

 

carta de joan manuel serrat a montevideo agosto 12, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 4:40 pm

“Recordar. Del latín re-cordis. Volver a pasar por el corazón”. (Eduardo Galeano)
Para los que no están y siempre echaremos en falta Querido Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a dormir.
Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por los cuatro puntos cardinales y las muchachas se desparramaban adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al Sol del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras.

Viajé desde Buenos Aires con Edmundo Rivero, el de las manos como capazos y la voz de trueno; con él compartía cartel en el Parador del Cerro. Vine para un par de días, con urgencias, como siempre, y, nada más llegar, después de atender un par de periodistas tan convencidos como yo de lo efímero del éxito, en especial el mío, salí del hotel con la intención de bajar al puerto a cumplir con una antigua promesa: encontrar la sombra perdida del Graf Spee.

De niños, el Tito y yo, conmovidos por el heroísmo de aquellos marineros, rubios como la cerveza, que hacían de buenos en la película, nos juramentamos, al salir del cine, que, en cuanto fuésemos mayores, iríamos a Montevideo a echarles una mano a aquellos desventurados tipos, aunque fuesen alemanes; así que aprovechando la ocasión, aun a sabiendas de que era demasiado tarde para hacer nada por ellos, eché a andar con moderado entusiasmo al encuentro de mis fantasmas infantiles. De cualquier modo, aunque no sacase nada en claro del Graf Spee, siempre me quedaba el Tito quien, en nuestra anual conversación en el bar Juanito, escucharía generoso el relato ampliado y aderezado de este rescate de recuerdos. Pero tú querías llamar mi atención con otras cosas, Montevideo.

Querías que te viera, que me fijara en ti, que me dejara de pavadas de Graf Speeses y marineritos heroicos y que me enredase en tus redes. Por eso abriste para mí la cajita de los asombros y, justo al salir del hotel, aprovechando mi torpeza habitual, me hiciste pisar una bosta de caballo en la puerta del Hotel Victoria Plaza, antes de Moon. Yo, que había salido a buscar perfumes de niñez me di de morros con ella. Qué admirable y qué insólito se veía en el asfalto aquel trofeo verde y oro. No por el hecho en sí, claro, no por el lugar elegido por el animal para cagar, sino porque aún rondas en caballos por el centro. Aquella bosta le dio una vuelta de tuerca al destino. Me devolvió a los cuarteles de invierno de los años idos. Encendió mi curiosidad empujándome a buscar debajo de tu vestido. Me llamaste y yo atendí y me dejé llevar. Olvidé el asunto del Graf Spee y a Tito. Olvidé el programa previsto. Incluso olvidé una visita concertada al Estadio Centenario – por cuyas tripas, si uno le pone atención, al atardecer, se escucha el tintineo metálico de los tacos – y caminé a donde quisieron llevarme mis zapatos. Como un gurí por la murga, me dejé llevar por calles engalanadas de forchelas; calles en las que aún estaba caliente el recuerdo de Xirgú y donde los diarios voceaban nombres desconocidos que iban a tardar poco en serme cotidianos; calles que aguardaban todo el año la vuelta del Carnaval, agotadas sus existencias de longanizas para atar perros; veredas por las que los hinchas de Nacional caminaban agrandados con títulos libertadores e intercontinentales bajo el brazo como quien se exhibe con el termo para cocer el mate de la gloria.

El termo. ¿Quién dijo el termo…? El termo y el hombre. El termo y la cancha. El termo y Dios. Qué insólito espectáculo, querida, para unos ojos profanos, contemplar a unos ciudadanos comunes, en su mayoría tipos respetables, yendo y viniendo de sus quehaceres cotidianos con ese artefacto que uno cree reservado a situaciones de emergencia, con la mayor de las naturalidades, enganchados a él como un yonki a la heroína. Aun reconociendo el aporte tecnológico que el termo representa para la cultura de la yerba, no deja de ser chocante para unos ojos profanos, repito. Aquél día, caminé tus calles como nunca he vuelto a caminarlas mientras tú, Montevideo, hacías todo lo posible por deslumbrarme. Unas veces de frente y otras por sorpresa. Me llevaste a comer achuras al Mercado del Puerto, nos tumbamos en la tarde de Pocitos y juntos amanecimos en el Cerro. Me trajiste a Alfredo y a Daniel y al loco del Sabalero y a la dulce Vera y yo te llevé conmigo al Este, a comernos las noches con Nana, con Manolo, con la Camerata. Me gustaste desde el primer momento, Montevideo, pero fue más tarde cuando me enamoré de ti. Fue cuando te exiliaron y te viniste a mi casa con lo puesto. Ahí, mirada triste, sueños torcidos, carnes torturadas; ahí te conocí, Montevideo; ahí te sentí como algo mío, y ahí nos juramos amor eterno.

Joan Manuel Serrat

 

quería ser estrella – parte 1 agosto 11, 2008

Archivado en: cosas mias,Uncategorized — mijal @ 4:38 pm

De mi niñez recuerdo a Don Pepe el almacenero mas viejo del barrio, siempre enojado y con un cigarrillo apagado en su boca, que nunca entendí porque no lo prendía, pero igualmente nunca me animé a preguntarle la causa, por miedo a que me gritara o a que me dijera : “mocoso atrevido, tus papas no te enseñaron a respetar a la gente mayor?
No, mis papas no me enseñaron a respetar a la gente mayor porque no tuve ni papas, ni mamas, ni tias, ni tios, ni nada.
Solo mi abuelita que murió unos dias despues que cumplí 8 años.
¿Y como me acuerdo que fueron unos dias despues de mi cumple? Porque cuando me llevaron al orfanato, hablaron los maestros entre ellos y dijeron:
“Hay que ponerlo en el cuarto de Victor que recien cumplio ocho años y son de la misma edad, en los otros cuartos los niños son mas grandes.”
Así, conocí a Victor, mi único amigo de la infancia, ese niño menudo y ensimismado que nunca sonreía. Sólo una vez lo ví hacer una mueca parecida a una sonrisa. Ocurrió cuando jugábamos a mirar el cielo por la noche, despues que apagaban la luz de los dormitorios del orfanato.
Esa noche, se me ocurrió contarle una historia.
Había una vez una luciérnaga que quería ser estrella, todas las noches, saltaba entre los yuyos que habían crecido en el pantano creyéndo que una noche llegaría al cielo y se convertitía en estrella. Después de muchos intentos frustrados de saltos que no pasaban de unos metros, decidió que se subiría a una de las plantas más altas y con la ayuda de un tronquito pequeño que lo convertiría en trampolín, pegaría el salto de su vida y en vez de alumbrar en la tierra, lo haría en el cielo rodeada por la reina luna y las estrellas y así se aría famosa.
Dicho y hecho. Con la ayuda de sus familiares y amigos, preparó todo el escenario durante semanas hasta que llegó el día esperado. Tan emocionada estaba, que ni se dió cuenta que justamente esa noche, no había en el cielo ninguna estrella…
El cielo estaba muy oscuro, y se aproximaba un chaparrón. El miedo y la duda la acosaron.
Pero aún así valientemente seguiría con su desición hasta el final.
Se bañó, se acicaló y se perfumó como una perfecta dama, y luego de despedirse de todos, trepó hasta la punta de la planta donde se hallaba el trampolín y se preparó para el salto de su vida. Todos los espectadores se dispusieron a contar emocionados: uno, dos y….. tres!
Pero la luciérnaga no salto…
El silencio fue total. Familiares y amigos esperaban espectantes que algo sucediera…
Y sucedió.
En lo más alto de la planta, brillaba una luz , una estrella, la única estrella de esa noche. Esa luz era nuestra, la de nuestra luciérnaga que decidió finalmente alumbrar aquí abajo en la tierra, en el lugar que fue destinada a vivir, y aunque quiso volar y convertirse en estrella, comprendió que si ella nació luciérnaga, su deber está aquí.

 

la voz de américa agosto 10, 2008

Archivado en: musica,Uncategorized — mijal @ 4:35 pm

Hace un par de días me llama mi hermana para informarme de un evento al cual no podré faltar.

Mercedes Sosa llega a Israel!

La Negra!

Tanto tiempo sin verla…

El 22 de octubre, en el teatro ha bima, ya compré los boletos para mi, Natalia y Ronit (de más está decir que las invito yo, a la primera, porque es mi hermana más chica, y a la segunda porque es su cumple).

289 shekels cada ticket. Es un montón de guita como 80 dólares, pero por lo menos los lugares son buenos. Fila 11 – que es bien cerca.

La negra lo vale y quien sabe, quizás sea la última vez que la vea…

Haydée Mercedes Sosa nació en San Miguel de Tucumán el 9 de julio de 1935, en un hogar humilde. De esos años viene su apego por las expresiones artísticas populares. Recién salida de la adolescencia, le gustaba bailar y enseñaba danzas folklóricas. También cantaba. En octubre de 1950, quinceañera, empujada por el entusiasmo de un grupo de amigas inseparables, se animó a participar en un certamen radial organizado por LV12 de Tucumán. Oculta tras el seudónimo de Gladys Osorio, su incipiente calidad como cantante la hizo triunfar en un concurso cuyo premio era un contrato por dos meses de actuación en la emisora. Fue el principio.

El resto, es historia…

 

cronica de la ciudad de montevideo agosto 8, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 4:33 pm

Julio César Puppo, llamado El Hachero, y Alfredo Gravina, se encontraron al anochecer, en un café del barrio de Villa Dolores. Así, por casualidad, descubrieron que eran vecinos:
—Tan cerquita y sin saberlo. Se ofrecieron una copa, y otra.
—Se te ve muy bien.
—No te vayas a creer.
Y pasaron unas pocas horas y unas muchas copas hablando del tiempo loco y de lo cara que está la vida, de los amigos perdidos y los lugares que ya no están, memorias de los años mozos:
—¿Te acordás?
—Si me acordaré.Cuando por fin el café cerró sus puertas, Gravina acompañó al Hachero hasta la puerta de su casa. Pero después el Hachero quiso retribuir:
—Te acompaño.
—No te molestes.
—Faltaba más.
Y en ese vaivén se pasaron toda la noche. A veces se detenían, a causa de algún súbito recuerdo o porque la estabilidad dejaba bastante que desear, pero en seguida volvían al ir y venir de esquina a esquina, de la casa de uno a la casa del otro, de una a otra puerta, como traídos y llevados por un péndulo invisible, queriéndose sin decirlo y abrazándose sin tocarse.

Eduardo Galeano

 

nobleza gaucha julio 15, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 8:20 pm

Siempre que utilicé o pensé en la palabra nobleza la primera connotación fue la de un título, alguien que es noble por herencia.
Sin embargo, el ser noble, va más allá.
Ser noble es en esencia algo moral, ético, es ser sincero, honrado, es ser “gaucho”.
Hoy en día, en este mundo que vivimos casi totalmente superficial, la nobleza muchas veces se confunde con la tontería. Ser noble = ser tonto, imbécil.
Que lástima, no?

Me causa gracia pensarlo ahora, al recibir un kilo de yerba con el nombre de “nobleza gaucha”.

Ta, tomémonos un mate…

 

veo, veo julio 14, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 12:18 pm

Siguiendo el compás del tiempo, que me suena muy repetitivo, miro hacia atrás.
Repentinamente recuerdo el juego “veo, veo”
pero ya no pregunto:”¿que ves?” porque me doy cuenta que las cosas continúan su rumbo, y ya no es un simple juego.
Ahora soy yo la que observa sin que me ayuden a ver, sin que me den pistas…
No hay más pistas, el camino está oscurito y mis pasos son cortitos, piso con mucho cuidado, sin distraerme porque la distracción podría llevarme al desastre.
Trato de evitar relojes, pero ellos se me aparecen como en una pesadilla, como queriéndome aterrorizar. “No mires para atrás”, me digo sin embargo la cabeza se vuelve sola como si fuera totalmente independiente de mi cuerpo.

 

ratones en el aire julio 8, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 12:15 pm

No puedo conciliar nuevamente el sueño…

Hoy dije: me voy a dormir temprano. Dicho y hecho, me bañé y a eso de las 23:00 (que es re temprano para mí que soy una trasnochadora empedernida…) me puse a escuchar música y lentamente mi mente fue perdiendo el sentido hasta que me quedé profundamente dormida… La temperatura de la casa estaba a un grado ideal teniendo en cuenta que afuera, hace un calor de locos 32% con una humedad que sin el aire, vivís ensopado de tanta traspiración que expulsa cualquier cuerpo que sea normal.
En casa tengo por aire acondicionado lo que se llama un sistema de conductos. Muy “up today” para un clima como el de acá. Este sistema está compuesto por una unidad exterior y una interior, colocada en un falso techo. A través de un sistema de tubos el aire se dirigen a cada una de las habitaciones para acabar en una rejilla a través de la cual sale frío o caliente. Según la temperatura seleccionada se emplea de sistema de calefacción o de refrigeración.
Despues de esta breve clase de refrigeración (mi papá es profesor de electricidad y especialista en aire acondicionado.) continuando con mi relato, me despertó un ruido extraño que salía del aire, como el sonido que emite un ratón o quizás fuera una cucaracha?
Que se yo!!
Fue tan raro, fuerte y tenebroso, que en el instante que recobré el sentido (hay que tener en cuenta que estaba ya completamente dormida) y me di cuenta que salía de ahí, salté de la cama confundida, horrorizada y hasta perturbada al no entender que tipo de ruido era…
Lo primero que se me ocurrió hacer fue, cerrar la rejilla, luego, me paré lejos casi en frente para escuchar mejor, y el ruido siguió hasta que decidí que hoy, no duermo en el cuarto… Salí, cerré la puerta y ahora, estoy en el salón con todas las rejillas del aire cerradas medio ahogandome de calor pero con la decisión definitiva de congelar al ratón que me robó el sueño…

O, cucaracha? Pah! Que asco que les tengo a los dos!

Son las 2 de la mañana.

Yo… desvelada y cansada.

 

paradoja julio 6, 2008

Archivado en: Uncategorized — mijal @ 12:13 pm

Hay veces que las pequeñas cosas de la vida cotidiana me llenan tanto que quisiera vivir esos minutos de por vida.
Hay otras que esos mismos minutos duelen tanto que quisiera desesperadamente olvidarlos aun sabiendo que me llenaron algún día.

 

 
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